Tita Gazitúa Ortúzar
Trayectoria
Es psicóloga clínica y artista visual chilena. Su práctica artística surge desde la intersección entre la experiencia humana, el cuidado emocional y la pintura, desarrollando un lenguaje visual profundamente vinculado a las ideas de reparación, memoria y afecto.
Desde su formación en psicología ha trabajado en contacto con procesos de dolor, transformación y resiliencia, experiencias que dialogan directamente con su obra. En sus pinturas, las telas rasgadas y posteriormente reparadas se convierten en metáforas de las heridas, las cicatrices y la posibilidad de reconstrucción, articulando una reflexión íntima sobre la fragilidad y la fortaleza humana.
La maternidad, los vínculos tempranos y las relaciones de cuidado ocupan un lugar central en su investigación artística, al igual que la presencia de los animales —especialmente los perros— como símbolos de protección, compañía y lealtad afectiva.
Su trabajo se sitúa en un territorio donde arte y experiencia emocional se encuentran, construyendo imágenes que invitan a pensar la vulnerabilidad no como una carencia, sino como una huella visible de la historia personal. A través de la pintura, Tita Gazitúa Ortúzar propone una mirada sensible sobre la capacidad humana de habitar, sostener y reparar la propia vida.
Statement
Mi trabajo artístico surge de la idea de la reparación. Parto de la premisa de que toda experiencia humana conlleva algún dolor, una realidad que en mi obra se expresa físicamente a través de las rajaduras de las telas. Estas heridas son intervenidas y reparadas mediante una costura irregular que, lejos de ocultar el daño, deja cicatrices visibles que hablan de la singularidad y la belleza de la historia de cada individuo.
En este entramado, la maternidad se alza como un eje central y recurrente. La figura materna, a través de los cuidados, los abrazos y la presencia afectiva, sostiene y prepara el terreno emocional para que esas futuras reparaciones sean posibles. El amor recibido en la infancia nos transforma, en cierto modo, en un lienzo fortalecido: uno capaz de acoger tanto las pinceladas suaves y amorosas de la existencia como sus rasgaduras y cortes.
Asimismo, los perros que habitan mis pinturas trascienden la mera representación animal; operan como guardianes, protectores y compañeros incondicionales que desafían la soledad. Son presencias constantes que nos recuerdan que nunca estamos completamente solos en el proceso de habitar y remendar nuestra propia historia.
Al final, pintar se convierte en eso: en el acto de zurcir la vida sobre el lienzo.
Exposiciones
“2025 Lacos, imaginario equino, Centro Cultural Montecarmelo, Providencia, Chile.
Participación en exposiciones colectivas de arte contemporáneo en Santiago y en proyectos curatoriales vinculados a artistas mujeres.
Actividad expositiva y docente desarrollada desde su taller en Santiago, integrando pintura, procesos de reparación simbólica y reflexión sobre la maternidad y los vínculos afectivos.”